domingo, 26 de octubre de 2008

Tomas Eloy Martínez, Rucci y los juicios a la dictadura





–¿Los familiares de desaparecidos siguen esperando? ¿Qué es lo que esperan, en ese caso?

–Como en la tragedia griega: si no ves el cuerpo, no te resignás a la pérdida, no te resignás a la muerte. En las batallas, los griegos respetaban la sepultura de los muertos. Se daban una tregua para que los ejércitos pudieran enterrar o quemar los cuerpos. Eso, que está en la Ilíada, permite el duelo de los que quedan. Aquí este principio no se respetó en nombre de una guerra que no existía, pues se estaba persiguiendo un ejército que tampoco existía. Pero la pérdida es algo irreversible. Como decíamos antes, aquello de lo que nos privaron, desde los años que no pudimos vivir, los amores que no pudimos tener, hasta las conversaciones de las que no pudimos disfrutar, todo eso es un desgarramiento definitivo, como el desmembramiento de un pie o de un brazo. No regresa, por mucha invocación que haya. El daño que se le infligió a este país es un daño absoluto, porque incluso aquellos que se salvaron en muchos casos sufrieron un daño moral muy grande.

–El título de la novela, Purgatorio, vale tanto para los desaparecidos como para los que quedan.

-Claro, el Purgatorio es la espera, y Emilia, la que queda, también está en un purgatorio continuo, en continua situación de espera. Y eso también vale de algún modo para la novela, que navega muy lentamente entre la realidad y la irrealidad.

–Ahora se han reabierto los juicios a los militares que han participado de la represión. Pero pareciera que, en lugar de justicia, alrededor de un tema tan sensible ha habido, de parte de los últimos gobiernos, una manipulación por intereses políticos…

–Son dos temas distintos. La necesidad de los juicios responde a que se cometieron delitos de lesa humanidad que no tuvieron condena. Los resultados del Juicio a las Juntas, cuya importancia conviene recordar, fueron borrados por el decreto de indulto; además, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida limitaron el derecho a la justicia. La manipulación que se pueda hacer con esto (que se disimulen así errores políticos, falsías, falta de proyectos, frustraciones de las posibilidades del país) es harina de otro costal. Coincido en que hay que oponerse al uso de algo tan doloroso para la vida colectiva argentina como son los horrores de la dictadura militar, pero me importa que se intente hacer justicia, aunque llegue treinta años tarde.

–Ha vuelto a ventilarse el caso Rucci. Y con él aparece otro lastre antiguo, que es la puja entre dos sectores del peronismo, aunque ahora desprovista de ideología.

–Me parece que ahí hay otra manipulación. Si de una vez por todas se pone en claro que los crímenes de lesa humanidad son los crímenes cometidos por el Estado con el poder del Estado, vemos que el caso Rucci no entra dentro de esa categoría. En fin, me parece bien que se esclarezcan todas las verdades que se puedan, pero no en nombre de artificios jurídicos que no son válidos. Es importante que se establezca de una buena vez, y la Corte Suprema es la única que puede hacerlo, que los delitos de lesa humanidad son aquellos cometidos por el Estado con el dinero de los contribuyentes.

Fragmento de entrevista - ADN Cultura.

2 comentarios:

Lacanocookistas dijo...

Bien Tomás!
como quien diría,
En tu cancha,
y en tu cara,
LANAZIÓN!

Saludos!

Martín dijo...

Que bueno y preciso el comentario sobre el tema Rucci.