sábado, 1 de noviembre de 2008

AFRICAN'S HALLOWEEN

Se aprende mucho bajo el agua, muerto. Cuando salimos de Tanger no sabíamos nada de esto, solo sabíamos que en Europa se vivía mejor y hacia allí íbamos. No sabíamos nada del uno de noviembre, de Todos los Santos, de Halloween y mucho menos de su origen, de Samán, el dios druida de los muertos, nuestro Dios.
Se presentó ante nosotros poco antes de alcanzar la costa. Ya veíamos las luces de Tarifa, estábamos realmente cerca, y entonces apareció él, como aparece siempre (aunque entonces no lo sabíamos), como un pensamiento que se instala en todas nuestras mentes, al unísono. No vino volando, ni caminando sobre las aguas. No encarnó delante nuestro, sino adentro, en lo más profundo de nuestra ansiedad por llegar. Utilizó el engaño, como lo utiliza siempre. Nos convenció para que saltásemos de la patera, nos dijo que haríamos pie, que caminando llegaríamos antes a la playa, esa que de día se llena de surfistas expertos que nunca se ahogan, con sus trajes especiales y sus destrezas de niños ricos. Nos aseguró que ya era el mejor momento, que no debíamos esperar más, que el sueño estaba al alcance de nuestras manos, a tiro de piedra dijo, que la travesía por el mar se acababa y empezaba la travesía al paraíso de los pobres.

Y, claro, le creímos, ciegos por llegar, con la agonía de la prisa y el anhelo, con la felicidad a flor de nuestra piel morena, con años de hambre que creíamos dejar atrás para siempre, con esperanza renovada por un futuro mejor. Y nos tiramos al mar, seguros de tocar el fondo con los pies. Pero no, el fondo quedaba lejos y el viento levantaba olas furiosas que jugaban a matar, que jugaban con nuestros cuerpos que no sabían nadar, que ya no tenían fuerzas para ganar.

Trece fuimos los primeros en llegar, en habitar para siempre el reino de Samán, este reino de agua y sal, olvidado en la frontera de dos mundos que veinte años después siguen igual. Año tras año fuimos siendo más (conoce bien su oficio el viejo Samán), dieciocho mil almas están hundidas en el mar, dejando su memoria escrita en coral, narrándole a los peces (que nunca recuerdan) su pesar. ¿Cuantos más nos vendrán a visitar?

01/11/1988 Primer naufragio de una patera con inmigrantes africanos. 13 muertos
01/11/2008 Dos décadas de luto. 18.000 muertos en veinte años.


2 comentarios:

Cosas dichas dijo...

Lo primero que leí en mi amanecer vespertino. Altamente recomendable para despertar

Saludos

Mariángeles dijo...

Pensar que hoy, en los países católicos se "celebra" el Día de los Muertos.
¿Cómo recuerda la católica España a los muertos que mueren en sus puertas?
¿Se persigna cruces de sal?