viernes, 1 de mayo de 2009

INFLUENZA


Manolo no leía los diarios, solo el Marca para enterarse del día a día de su Real Madrid. No le interesaban mucho las noticias ni la política aunque a veces ponía el telediario a la hora de cenar, más que nada para que le hiciera compañía. Desde que su novia lo dejara encontraba el piso muy silencioso, vacío y lleno de angustia al mismo tiempo. Por eso cada día al terminar sus diez horas de trabajo cotidiano,alargaba la jornada fuera de casa en la barra de su bar de guardia. Allí los parroquianos discutían de fútbol, comentaban los avatares del curro o las proezas tóxicas del fin de semana anterior. Todo muy normal, hasta que un día a Manolo (él fue el primero) le dicen en la fábrica donde trabajaba que en quince días se quedaba en la calle, reducción de personal que le dicen. No se preocupó demasiado, aunque ya se hablaba de la crisis, pues él tenía cubierto un año de subsidio por desempleo y pensó que era tiempo suficiente para conseguir otro curro. Ya hace tiempo que pasaron los doce meses y Manolo aún no encuentra nada. Ni cobra nada. Se le están acabando sus magros ahorros y no sabe como hará para pagar el alquiler del próximo mes.


A ese mismo bar donde va Manolo (ahora a cualquier hora del día) también va Rachid,un moro del rif. Rachid llegó a las costas españolas en el 2003, con la ola de calor y la vida pendiendo de un vaso de agua dulce y unas mantas para el contradictorio frío de sus huesos. Deshidratación e hipotermia, las primeras sensaciones que sintió en el primer mundo.No serían las peores. Con la ayuda de un primo logró colocarse en la obra como peón de albañil y poco a poco fue acomodándose a su nueva vida. Muy a menudo pensaba en su hermano Hassan,que lo intentó un par de años antes que él pero no pudo llegar. La patera en la que viajaba naufragó y ahora Hassan reposa en esa linea donde el mar se confunde con el cielo, húmedo infierno de los pobres. Cuando Manolo contó que se quedaba sin trabajo, Rachid ya llevaba días sintiendo rumores en el suyo de que la cosa iba mal. Unas semanas después, el encargado de la obra le dice que pase a cobrar la liquidación y que mañana no vuelva. A Rachid no le corresponde ni finiquito,ni aguinaldo, ni el proporcional de las vacaciones. Sólo la semanada y adiós.Rachid no tenía ni contrato ni papeles, nada más los de fumar. Tampoco puede cobrar el paro así que se buscó la vida como pudo, con lo que más a mano tenía: pasar hachís.


Una de sus mejores clientas es la Jessi. Jéssica trabajaba en la gasolinera que está en la entrada del pueblo. Hacía horarios rotativos, turnos de mañana, tarde o noche ya que la estación de servicio abría las veinticuatro horas. Un día su jefe le dice que cuando acabe su contrato no se lo renovará porque decidió cerrar el turno de noche, pues no le sale a cuenta tener abierta la gasolinera con tan poco movimiento y, claro, ya no necesita tres empleados sino dos. Los turnos que queden descubiertos los hará él. Jessi tenía por costumbre pasar por el bar a tomarse un cortado antes de empezar sus turnos. Le gustaba relajarse leyendo una revista o conversando con la camarera, una rumana muy simpática de la que se hizo muy amiga. Ahora ya no va,con lo poco que cobra del paro no le alcanza para el cafelito diario, ese gran lujo. Además,ya tampoco encontraría allí a su amiga.


Ivana era la camarera del bar, una hermosa muñeca eslava de ojos muy claros y cabellos de fuego. Se consideraba una chica con suerte cuando se comparaba con otras chicas de su pueblo, que también habían emigrado a España, pero para ocupar una barra americana y calmar las ansias de camioneros y tipos despidiendo su soltería. Ella no, ella vino hace cinco años con su novio y desde el primer día la están peleando juntos, apoyándose entre ellos,trabajando duro en lo que encontraron, ella en el bar y el en el campo, cuidando una granja de cerdos. No les iba mal,pensaba Ivana,hasta que un día el dueño del bar le dijo que ya no hacía suficiente caja para pagarle el sueldo. El bar tiraba gracias a los menús para trabajadores y en los últimos meses habían pasado de servir cincuenta o sesenta menús por día a servir entre doce y quince. Antonio, el dueño del bar, apreciaba de verdad a Ivana, como persona y como trabajadora, pero cuando los números no dan, no dan. Ese día,cuando llegó a su casa,no le quiso decir nada a Danya, su novio. A él le habían dicho, dos días antes,que le reducían la jornada laboral, y el sueldo, a la mitad. Ivana no quiso preocuparlo,pensó que el pobre ya estaba bastante agobiado. Además estaba enfermo, el día anterior había vuelto del trabajo muy mareado y con fiebre así que tuvo que quedarse todo el día en la cama, resistiendo los primeros síntomas de lo que parecía una gripe.


Manolo, Rachid, Jessi, Antonio, Ivana y Danya son víctimas de la pandemia de hoy. Y no son los únicos,en España ya hay cuatro millones de afectados por este bravo virus que se contagia de trabajador a trabajador, que tiene su origen en la codicia de los poderosos, y que es propagado por cerdos que te soplan en la cara. Cerdos portadores, inmunes a su plaga,contagiando con sus fétidos alientos el virus de la pobreza.

10 comentarios:

Rob Rufino dijo...

UN APLAUSO PARA EL CHOLO!!!!!

Edgardo A. López dijo...

Una triste realidad muy bien escrita.

Anarkiko dijo...

Buenisimo Cholo!!!!Como siempre!!
La culpa no es del chancho sino de la Corporación!!!! Que se hagan cargo de la crisis y se dejen de utlizar el miedo para distraer a la peña...
Saludos

pupi espinoza dijo...

Muy buena, man !
Se la voy a recomendar a la Tamar y que ella se encargue de la gallegada amiga, para que vean como esta triste realidad capitalista, no solo está bien escrita en El Capital.

Un abrazo,
Pupi Espinoza.

ROSARINO dijo...

A LOS MADRE PATRIA LO UNICO QUE LES FALTA ES QUE LOS LATINOAMERICANOS NOS DE POR NACIONALIZAR LOS SERVICIOS Y EL PETROLEO Y AHI QUE ME EXPLIQUEN COMO SE HACE PARA SEGUIR EN EL PRIMER MUNDO

Demóstenes dijo...

Cholo, Cholo ... Ud. se ha convertido en un "poeta de la miseria".
Le mando un abrazo.

D-M-T

alex dijo...

Me alegro por los españoles que se creian que vivian en el primer mundo. Las dos veces que viajé por Iberia a Düsseldorf y tuve que hacer escala en Barajas, me dió asco como me trataron como "extracomunitario", me pidieron que muestre si tenia €300 en efectivo y me taladraron a preguntas sobre los motivos de mi viaje. Agarren la pala.se les terminó la vida de nuevos ricos.

Tagarna dijo...

Cholo, que capacidad para convertir cosas horrorosas en algo tan bello de leer. Este texto debería ser difundido. Felicitaciones y un abrazo, mi amigo.

LeoAbsurdo dijo...

Sin dioses, te voy a plagiar un poquito la idea de las 2000 diferencias para mi blog. Espero no te enojes. Un abrazo

soy LeoAbzurdo

Martín LatinoameriKano dijo...

Muy bueno che.